CASA MUSEO
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La Casa Museo María Enriqueta celebra 50 años como el corazón palpitante de la cultura en nuestro municipio. Medio siglo no es solo una cifra, es el testimonio de una labor ininterrumpida por preservar la memoria y la obra de nuestra hija pródiga, cuya voz poética sigue siendo un pilar fundamental de nuestra identidad coatepecana.

Aún conservo en la memoria aquel 16 de julio de 1976, fecha en la que el recinto abrió sus puertas. Recuerdo el júbilo colectivo al ver culminado el esfuerzo de quienes, con determinación, convirtieron una casona en un templo del conocimiento y las artes. Aquel proyecto fue posible gracias a la generosidad del arquitecto Armando Bravo, quien originalmente donó el inmueble para que la poetisa pasara sus últimos años en su tierra natal. Aunque el destino impidió que María Enriqueta viviera allí, su espíritu encontró un hogar definitivo gracias a la visión de mujeres como Laura Suárez de Silva, cuyo liderazgo, junto al comité pro Museo, permitió rescatar pertenencias entrañables, desde su piano y su máquina de escribir, hasta sus icónicas obras como Rosas de la Infancia.

La labor iniciada en 1975 por la Asociación Civil Círculo Cultural “Amigos de María Enriqueta” ha sido ejemplar. Durante cinco lustros, hombres y mujeres han asumido con orgullo la responsabilidad de resguardar este legado. Hoy, bajo la entusiasta batuta de la maestra Arcelia Falcó, la asociación mantiene esa flama encendida con la misma fuerza que el primer día, consolidando a la Casa Museo como un espacio vital de encuentro.

Enhorabuena a quienes han hecho posible esta historia de tenacidad y amor por las letras. Que la Casa Museo continúe siendo ese punto de luz para la cultura y la literatura, recordando siempre a la mujer que no solo puso en alto el nombre de Coatepec, de Veracruz, sino que dejó una huella imborrable en el panorama literario de México.

ELSA AGUIRRE PASÓ POR COATEPEC

El cine mexicano ha perdido a una de sus figuras más luminosas. Elsa Aguirre, ícono de la Época de Oro y compañera de pantalla de leyendas como Pedro Infante, Jorge Negrete y Agustín Lara, partió de este mundo el pasado 15 de julio a los 95 años.

Su legado en la gran pantalla es innegable, pero para nosotros, los coatepecanos, su partida resuena con una nota de melancolía particular: Elsa no solo fue una estrella de cine, fue una vecina que eligió nuestro pueblo para transformar su espíritu.

Más allá del glamour de los estudios cinematográficos, muchos de nosotros guardamos la imagen de una Elsa distinta. Guiada por las enseñanzas del Gurú José Manuel Estrada, quien radicó en Coatepec, Elsa decidió cambiar el brillo de las cámaras por la sencillez de una vida consciente. Era habitual verla caminar por nuestras calles y recorrer el mercado vestida de blanco y con sandalias, siempre con una sencillez que cautivaba a quien la cruzaba.

En el Centro de Yoga Avante, de Carmelita Arana, Elsa regaló momentos inolvidables. Quienes tuvimos la fortuna de escucharla recordamos su bella voz grave, llena de sabiduría, hablando sobre el vegetarianismo, la paz y el bienestar.

Esa semilla de espiritualidad fructificó en la fundación del Ashram Mundial Coatepec, un esfuerzo conjunto que deja una huella profunda en la historia de nuestro terruño.

Aunque más tarde su camino la llevó a Morelos, donde continuó su labor fundando un nuevo Ashram y viviendo sus años finales en Cuernavaca, su esencia quedó ligada a nuestras tierras. Elsa Aguirre nos enseñó que la verdadera belleza no solo reside en la perfección de un rostro en la pantalla, sino en la paz de un espíritu en búsqueda constante.

Hoy, mientras el cine mexicano celebra su trayectoria, en Coatepec despedimos con gratitud a la mujer que, en medio de su esplendor, supo encontrar en nuestro rincón de Veracruz el refugio para su alma. Descanse en paz.

Por hoy hasta aquí.