COATEPEC ORQUÍDEAS, FE, NIEVES Y CUENTAS PENDIENTES
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Coatepec transita estos días en una dualidad que solo un Pueblo Mágico sabe digerir. Entre el éxito de los esfuerzos particulares y las asignaturas pendientes de la administración pública. Las últimas semanas han sido un escaparate de lo mejor de nuestra tierra, pero también un recordatorio de que, en nuestro municipio, el impulso real suele venir desde fuera del Ayuntamiento.

La primavera nos regaló postales inmejorables con el Festival Internacional de la Orquídea y la cuarta edición del Festival de la Nieve. Sin embargo, hay que ser claros en la lectura: se trata de esfuerzos privados que, aunque enriquecen la oferta turística, obedecen a iniciativas con fines de lucro y no a una agenda cultural emanada del gobierno local. El mérito es de los productores que apuestan su capital, mientras la autoridad se limita a observar desde la barrera administrativa.

Este vacío se siente con mayor fuerza en la Procesión del Silencio. En su décimo quinto aniversario, este evento del Santuario Guadalupano dio una cátedra de civismo y fe, pero con el apoyo municipal reducido a meros permisos. Si hoy, solo con voluntad ciudadana, la procesión es conmovedora, cabe preguntarse: ¿Qué nivel alcanzaría si existiera un presupuesto real para engalanar a los participantes, como sucede en las grandes ciudades del mundo? La tradición sobrevive por la gente, no por la gestión.

Donde la autoridad sí parece haber volcado toda su energía es en la Plaza San Jerónimo, y es aquí donde el tema toma un tinte oscuro. La reciente diligencia de elementos de Protección Civil, Dirección de Comercio y  Planeación Urbana derivó en una trifulca y agresiones a reporteros que simplemente cumplían con su labor. Pero más allá del incidente, en las calles del pueblo el veredicto es unánime, se percibe un fuerte tufo a revanchismo político.

No es secreto para nadie que el propietario del inmueble es pariente político de Edson Corona, ex regidor y ex candidato que no favorecieron las urnas en la pasada elección municipal. Resulta sospechoso, por decir lo menos, que se aplique la ley con tal rigor y “oportunismo” en este recinto privado, mientras que el comercio informal sigue desbordado en las calles, desafiando cualquier intento de ordenamiento urbano. ¿Es disciplina administrativa o es una factura política pendiente? La duda queda sembrada.

En medio de este escenario, el espíritu local se ensombrece con la partida del maestro Melchor Peredo García. Recuerdo bien aquel año 2002, cuando lo veíamos encaramado en los andamios, dibujando el mural “Coatepec en la Cultura”, que hoy custodia nuestro Palacio Municipal. Melchor era un hombre de contrastes, serio al hablar, pero de chascarrillo fácil cuando se ganaba su confianza. Maestro de maestros como la querida Kary Torres, su legado nos queda como un recordatorio de que la identidad de Coatepec se construye con pinceladas de genio y no con rencores de oficina.

Cerramos estas semanas con el sabor dulce de una nieve de café, naranja y el compromiso de seguir señalando lo que debe mejorar. Porque amar a Coatepec no es solo aplaudir sus flores, sino exigir que la autoridad pase de ser una cobradora de facturas a una verdadera arquitecta de nuestro desarrollo para nuestro orgullo.

Y recuerde, estimado lector: si la vida le da limones, vaya con los artesanos del parque… ¡que en Coatepec hasta la amargura se vuelve nieve y nos deja un buen sabor de boca!

Por hoy hasta aquí.