COSA DE FOTOGRAFOS

René Sánchez García
En cualquier lugar, por más pequeño que este sea, siempre hay gente celebrando o haciendo fiesta por un cumpleaños, nacimiento, bautizo religioso, confirmación, salida de la primaria, quince años de la chica, bodacheras, divorcios y hasta decesos. La cuestión es divertirse en grande y recordar por siempre el pachangón.
Como es costumbre vieja, la gente desea guardar un recuerdo que perdure por años y que mejor que las imágenes que proporciona una cámara fotográfica, misma que está siendo desplazada, hoy en día, por los celulares inteligentes.
Pues bien, hace unos días me contó mi amigo “El Chóforo”, que cuando vivía con sus padres, allá en la congregación “Las Espinacas”, era un aficionado iniciante de tomar fotos a todo. Dice que un sábado por la mañana se encontró en la tienda de abarrotes a la mujer del chofer del camión de volteo, pidiéndole fuera a su casa al día siguiente a tomarle fotos bonitas a su bebecito de apenas seis meses.
Al día siguiente mi amigo llegó bien temprano con su cámara instantánea Kodak, más un rollo de película a color sin usar. La doña le pidió sacarle fotos a su bebé, de eso que se conoce tradicionalmente como “Caritas”. Debía al terminar la sesión seleccionar las seis mejores tomas, enmarcadas en un cuadro de madera, tal y como su vecina “Pancha” tiene de cada uno de sus cinco hijos que fueron naciendo en escalerita, o sea uno tras otro.
Doña Cleofas, le pidió le sacara a su niño fotos bien bonitas: sonriendo alegremente, mostrando sus dos dientitos de leche, chupándose uno de sus dedos, balbuceando la palabra mamá, de los dos lados para que salgan los hoyitos de sus mejillas, otra más donde se vea su trajecito de marinerito; en fin, cualquier posición natural o forzada que resalte la belleza del peque.
Ese día domingo fue fatal, me dice Chóforo, pues le costó mucho trabajo captar imágenes, pues el bebé no se dejó. Nunca paró de chillar, de patalear, de escurrirle el moco, de portarse berrinchudo. No se dio por vencido, tomó más de quince fotos. Al domingo siguiente volvió a dicho hogar cristiano para entregar “las caritas” y ganarse unos pesos para solventar la semana que iniciaba.
La madre del niño le rechazó, de manera grosera, el trabajo que con mucho empeño realizó, aludiendo que ese no era su niño en dichas fotos, tirándole el cuadro a los pies. Bastante molesta le mencionó: “eres un fotógrafo molero, de esos que no saben tomar fotos, que solo vienen por la comida en las fiestas y pachangas”. Igual no le pagó nada por dicho trabajo solicitado.
Mi amigo bien orgulloso no levantó el cuadro con las “caritas”, retirándose enojado y decepcionado a su casa. Durante el trayecto se repuso del enojo y pensó para sí: “En esto de la fotografía no se pueden hacer milagros, ni teniendo una cámara buena, la lente capta lo real y verdadero de la escena”. Me comenta el buen “Choforito” antes de despedirse de mí: “Me fue rete difícil trabajar con ese mocoso sin gracia, prieto, pelos parados y regordete, de ojos saltones y narices chatas, que se dedicó solo a berrear y patalear durante la sesión. Una hora después, ya cuando me calmé, reflexioné y comprendí que para las madres todos sus hijos son los más bellos, hermosos y guapos del mundo”.
Yo creo que la doña del chofer chismoseó lo de mis fotos, porque ya nadie después me pidió “Caritas de bebés”.