CUENTOS DE ENCIERRO
Comparte

  René Sánchez García

En pleno desarrollo de la pandemia producida por el Covid19, un grupo de 5 amigos entusiastas de la literatura, en especial dentro del género del cuento universal, se dieron a la tarea de seleccionar los mejores que se han escrito, dentro de un período de tiempo que abarca desde el año de 1160 hasta 1964, donde según ellos es lo mejor que se ha producido hasta el momento. Así de esta manera lograron seleccionar 18 cuentos, mismos que fueron reunidos en el libro Cuentos del encierro (México, Ed. Norma, 2020, 234 p.), que merece ser comentado en este espacio. Recordemos que el término encierro tiene que ver con la recomendación de salud de permanecer todo el tiempo en casa y para soportar la angustia se recomienda la lectura de este interesante libro.

Este grupo conformado por Silvia Garavito, Dayana Mick, Laura Rojas, Francisco Soler y Javier Velásquez, mismos que decidieron incluir producciones escritas de autores cuentistas famosos como: Horacio Quiroga, Honoré de Balzac, Franz Kafka, Antón Chejov, Evelio Rosero, Felisberto Hernández, Herbert George Wells, León Bloy, Baldomero Lillo, Edgar Allan Poe, entre otros. Así como cuentos de tradición oral de China y la India. En cada uno de ellos se cita o se da crédito al traductor, así como la fuente bibliográfica de donde fue tomado cada cuento.

El libro Cuentos del encierro cuenta con dos carátulas. En la primera se encuentran las lecturas seleccionadas, y en la segunda (cambiando de posición el libro), podemos encontrar un análisis completo de toda la cuentística presentada. El lector no sólo gozará de la lectura, sino también se le explica detalladamente, mediante un análisis crítico-literario, el acercamiento histórico-social que nos hace entender lo que el autor quiso decirnos en sus líneas. Esa segunda carátula se llama A propósito de Cuentos del encierro. Llamó mi atención el cuento “El loro que pide libertad” (p.233) de tradición oral de la India.

Este pequeño cuento narra la historia de un hombre que visita a un amigo anciano. Al entrar lo primero que ve y escucha son las voces desesperadas de este animal enjaulado por años. El loro repite insistentemente: ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad! El hombre visitante se retira preocupado por la situación del loro y planea regresar al día siguiente, ante un descuido del anciano, salvarlo. Y así lo hace a la mañana siguiente, entra sigilosamente a dicha vivienda, se acerca a la jaula donde el animal sigue gritando ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad! Baja la jaula, abre la puerta, mete una de sus manos, pero el animalito se asusta demasiado y se aferra con pico y patas al alambre de su vieja y eterna casa de metal y no se deja atrapar para ser liberado. Prefiere ese hogar donde recibe amor y alimento de parte del anciano. Y el animal siguió gritando: ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad! sin cesar.

En los análisis se comenta: “El encierro se constituye en una forma de aislamiento seguro, pues el miedo del mundo exterior es lo que mantiene al cautivo tranquilo. El encerrado se siente más a gusto confinado. Esa sensación de encierro puede llegar a considerarse incluso liberadora en algunos casos, precisamente porque el mundo exterior es el motor de la angustia. Aunque el ritmo del cuento es marcado por los gritos del loro que reclama libertad, en el desenlace, los valores se invierten y la liberación se evita: el encierro se convierte, entonces, en protección, en refugio o en el minúsculo mundo conocido”.

En este cuento, la noción de encierro juega continuamente con su antónimo, la libertad. No es lo mismo un encierro libre que una libertad encerrada. La libertad implica enfrentarse a algo desconocido en el contexto usual, y eso genera una tensión que relativiza expresiones propias de la condición humana: la dependencia, el retiro voluntario, la transformación, el miedo y la decisión de asumir nuevos riesgos.

sagare32@outlook.com