
Pasaron las fiestas patrias y vaya que dejaron de qué hablar. El primer grito de independencia de Nacho Luna, que desde el balcón lanzó las arengas para después dar paso a los fuegos pirotécnicos acompañado de la primera dama, sus hijos, cabildo e invitados especiales.

Los fuegos pirotécnicos duraron varios minutos, pintando el cielo tricolor. Sorprendiendo a todos. ¿No qué estaba prohibido la pirotécnica en Coatepec?, se preguntaba la gente.
Infringiendo la propia Ley de Protección Animal que apenas aprobó el Cabildo el pasado 14 de mayo, y que en uno de sus estatutos y reglamentos prohíbe el uso de pirotecnia, misma que fue anunciada con bombos y platillos como un logró extraordinario de la actual administración.
Bien dice el dicho, más pronto cae un hablador que un edil…o ¿cómo va?
Las redes sociales no tardaron en arder criticando al alcalde, quien durante meses ha hablado sobre el respeto a los reglamentos del bienestar animal y evitar la pirotecnia de estruendo por las afectaciones que ocasiona a personas con autismo y animales.
La polémica se desató al publicarse el comunicado oficial del ayuntamiento, como respuesta a las críticas, afirmaron que había contratado un espectáculo “predominantemente visual y luminoso”, que las detonaciones y efectos sonoros de la noche del 15 de septiembre no correspondieron a la finalidad que esta administración busca, que se está revisando la documentación, para las sanciones correspondientes.

En otras palabras, yo no fui…ya veremos quién pagará. Respondieron igualito que ya sabes quién. Nunca reconocen sus errores. Personajes que se alquilan de políticos son incapaces de reconocer sus yerros, nunca se equivocan, simplemente tienen otros datos.
Entonces, ¿qué falló? la contratación, la supervisión o el cumplimiento del proveedor. Cómo es posible se contrata una cosa y termina ocurriendo otra. ¿Quién manda en Coatepec?
El alcalde manda, otro dispone, llega el diablo y lo descompone. En fin, otra raya más al tigre que no ata ni desata.
Gobernar no es solamente anunciar lo que se pretende hacer, también es una buena ejecución, con supervisión permanente, para entregar cuentas claras de cómo se hizo, cuánto costó, quién lo hizo y quién responde cuando algo sale mal.
Antes de prohibir, y tomar determinaciones de ese calibre se debieran asesorar los ediles con expertos en gestión de Riesgos y Protección Civil, contar con un protocolo para controlar el uso de pirotecnia en fiestas patronales, que dicho sea de paso los festejos están relacionadas con usos y costumbres.
¡Qué quemón!
Por hoy hasta aquí.







