Recrean su tragedia en el escenario

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Agencia Reforma

Monterrey, NL  9 mayo 2026.- Las desdichas y contrariedades del ser humano que el escritor ruso Fiódor Dostoievski plasmó en su última novela fueron llevadas a escena anoche dentro del Festival Alfonsino de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que arrancó este mes.

 Se trató del estreno en la Ciudad de una adaptación del dramaturgo español José Luis Collado, quien la montó en 2015 en el Teatro Valle-Inclán para el Centro Dramático Nacional, y dirigida por el reconocido Gerardo Vera.

 La puesta en escena en ese entonces destacó por la síntesis que hizo de una obra de tal complejidad e, incluso, en 2016 el sello Ediciones Antígona llevó esta versión al libro.

 Los hermanos Karamazov sigue la historia de Dimitri, Iván y Aliosha Karamazov, tres hermanos de personalidades opuestas que mantienen una relación conflictiva con su padre, Fiódor, un hombre corrupto y abusivo.

 Cuando el patriarca es asesinado, la familia queda envuelta en un drama marcado por la culpa, la fe, la ambición y los dilemas morales, mientras la obra explora profundas preguntas sobre la existencia de Dios, la justicia y la naturaleza humana.

 Los asistentes, que ocuparon tres cuartas partes del Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, presenciaron una historia densa, pero ágil gracias a la dirección de Rennier Piñero.

 La función duró tres horas y tuvo un solo acto, sin intermedios. Contó con una escenografía minimalista -apenas un videomapping y algunos objetos-, pero con recursos bien utilizados.

 Ya adelantaba Piñero en entrevista que habría un crisol de herramientas en esta representación, siendo la interacción con el público por parte de los intérpretes la más destacada.

 El actor Diego de Lira, recurrente en las representaciones del director venezolano -ya suma cinco producciones con él-, entregó un Smerdiakov de gran precisión e intensidad en escena, en tanto que Juan Benavides convenció con creces como el borracho, iracundo y cínico Fiódor Karamazov, patriarca de la resquebrajada familia.

 Otras destacadas interpretaciones fueron las de Sergio Duarte y Óscar Troyo -Dimitri e Iván, hijos de Fiódor- y, en doble rol, la de Víctor Martínez como Zósimo y el criado Grigory.

 Al actor Esli Cortez se le percibió nervioso al inicio de la puesta en escena, pero logró convencer como el menor, Aliosha, conforme avanzaba este drama, mientras que la actriz Carolina Canizalez brindó una interpretación irregular como Grushenka; además, por momentos recitó sus diálogos con una voz apenas perceptible, sobre todo al alejarse del filo del escenario.

 Miguel Ángel Ramírez, tenor mexicano del Mexico Opera Studio, cuyo director escénico es Piñero, cantó en vivo y su ejecución ayudó a la construcción del clímax de la obra.

 Se debe resaltar la labor tras bambalinas, aquí por parte de Arturo Charles, en la música; el diseño de iluminación de Pepe Cristerna y Marcela Humphrey, y la escenografía de ESLIBRE Cía.

 Habría que afinar el ángulo de las proyecciones en dos escenas cruciales, difíciles de apreciar para los espectadores.

 La idea, sin embargo, es aplaudible, porque captura los momentos más fuertes de la obra con sutileza y elegancia.

 Antes de morir, el Padre Zósimo revela que su reverencia a Dimitri, que tanto sorprendió a los hermanos, es por el sufrimiento que notó en él.

 Piñero reflexionaba en entrevista que esta creación de Dostoievski era un ensayo sobre la violencia y la vinculación tóxica, pero vigente, en el seno familiar.

 Aquí la figura del padre es despedazada: Iván lanzaba al aire: “¿Quién no ha querido matar a su padre?”.

 La adaptación, con producción de Takupí Creadores, mantiene los aspectos fundamentales de la literatura rusa del siglo 19: crudeza, psicología y espiritualidad.

 “Los hermanos Karamazov” es una gran opción para quienes disfrutan del buen teatro.