Y SI, ¡¡NOS PINTAMOS SOLOS!!

René Sánchez García
¿Por qué somos así los mexicanos? Esta es una de las preguntas que los estudiosos de las ciencias sociales se hacen muy a menudo. Valentones, mentirosos, cobardes, amorosos, rencorosos, sufridores, mujeriegos, picardientos, raterillos, indisciplinados, incumplidos, presumidos, son tan solo algunas de las características que los sociólogos, psicólogos, religiosos y antropólogos se han preguntado a lo largo de los años, a fin de explicar los distintos comportamientos que los mexicanos (hombres y mujeres) demuestran en cada uno de sus actos personales.
Pues bien, la escritora mexicana Rosa Beltrán (1960) que por años se ha dedicado al trabajo literario de traducir, hacer novelas y cuentos, publicar artículos y ensayos, así como trabajar de docente en las UNAM, se dio a la tarea de rescatar a algunos autores mexicanos que vivieron a mediados del siglo antepasado, que se dedicaron a dibujar o bosquejar al hombre y a la mujer mexicana de su tiempo, por medio de la publicación de relatos escritos donde plasman su visión acerca de todo eso que ha caracterizado la forma de ser del mexicano citadino, sobre todo de aquellos que pertenecían a la clase social más baja.
Así de esta manera, Beltrán rescata y compila en el libro Los mexicanos pintados por sí mismos, (México, 1997, Conaculta, Col. Clásicos para hoy No. 18, 150 p.) a autores poco conocidos como Hilarión Frías y Soto, Juan de Dios Arias, José María Rivera, Ignacio Ramírez y Pantaleón Tovar. Escritores que la compiladora considera costumbristas, por “inventar y propagar una idea de lo auténticamente mexicano, mientras se intenta difundir un ideal de progreso que alcance a todos los grupos sociales y conforme una visión y un sentimiento comunes en un país tan diverso”.
Todas las narraciones seleccionadas son pequeñas e interesantes, pues son “un retrato hablado del país y sus habitantes”, y describe cosas de la vida o sucesos comunes de un aguador, de un ministro, de la partera del lugar, del famoso vendutero, del maestro de la escuela, de aquella mujer coqueta de ese tiempo, del tradicional abogado, de la estanquillera y de aquella recamarera inolvidable. Historias con tonos moralizantes y satíricas, que incluyen hábitos, diálogos y formas de hablar de esos tiempos, donde lo importante era erradicar muchas de los lastres de la colonia española en México, que de alguna manera detenían el progreso.
Quienes gustan de leer cuestiones históricas de la vida nacional sucedidas en ese período de la Independencia de 1810 hasta antes de la Reforma, resulta bastante recomendable este libro, pues aparte de hacerse conocer la realidad de la población indígena mayoritaria, se nota ya la influencia europea de la literatura, que estos autores mexicanos le introducen cambios significativos propios de la nueva vida nacional. Beltrán menciona: “En este libro se encuentran cuadros de costumbres llenos de datos curiosos descritos con malicioso humor, y una visión de aquellos mexicanos vistos por otros mexicanos que también – y acaso sin proponérselo- hacen un retrato de sí mismos a través de su voyeurismo”.